sábado, 23 de mayo de 2015

El verdadero Carpe Diem

En ocasiones, profesores de institutos o de colegios me llaman asustados con sus alumnos, "que están todo el día con el móvil" y "que son incapaces de estar concentrados media hora".

¿Cómo conseguir que los adolescentes despeguen la vista de su smartphone? Pienso que, a esa edad, la única manera de superar la adicción es conseguir que estén emocionados con algún objetivo, tanto o más "adictivo" que Clash of Clans... Difícil, ¿verdad?

Pues no tanto. Sé que es complicado, pero si una chica o un chico están perdiendo miserablemente el tiempo con los juegos o sucumben ante los cientos de WhatsApp que reciben a diario, es porque los adultos -padres y profesores- no le han ayudado a descubrir el "don" que cada uno de ellos ha recibido, y que les ayudará a desarrollarse en la vida.

En la sesión que imparto les explico que el mundo ha cambiado, que las viejas reglas por las cuales tu estatus social limitaba tu crecimiento han caído; que ahora se valora a las personas que aprenden compartiendo porque es la única manera de acceder a un mayor conocimiento; que para eso hay que esforzarse en comprender y empatizar con gente de muchos lugares y mentalidades diferentes a las suyas; y que la libertad que ahora poseen les facilita atesorar unas convicciones y defenderlas en cualquier foro. Eso sí, para que la triada funcione, necesita el engranaje de mucho trabajo y esfuerzo.

En estos momentos las herramientas se multiplican y son accesibles -tanto por precio como por posibilidad de uso-. Ahí entra el mundo conectado, que multiplica y potencia tus cualidades. Visto con esta perspectiva, el panorama personal y social se clarifica: ¿para qué perder el tiempo?