lunes, 19 de marzo de 2012

El hombre de Vitruvio o el canon del New Media

Hace unas semanas asistí a una sesión de Isra García de la que salí muy impresionado. Nunca me había ocurrido, al menos con tanta intensidad. Básicamente denunciaba que el social media se había olvidado de las personas, y que las empresas trabajaban sobre números, sin importarles realmente el sentimiento, las necesidades y las ideas de las personas.

Isra propugnaba el New Media: “The media revolution it isn’t about what the platforms or tools can do for us, I think it’s more about how human interactions can change the outcome for business, people and the environment”. A partir de ahí comencé a darle vueltas. Tenía la misma sensación que  cuando alguien pone negro sobre blanco algo que tú has pensado durante mucho tiempo…

Lo que se me ocurrió lo cuento a vuelapluma, así que agradeceré mucho vuestros comentarios y sugerencias.

Empiezo…
Si el New Media va sobre el hombre y no sobre la masa o la tecnología, compensa saber qué es el hombre. Aristóteles y Platón sostenían que el hombre tenía tres potencias superiores que articulaban su forma de estar en el mundo y de relacionarse con los demás: la inteligencia, la voluntad y el corazón (ellos decía memoria). Y definían al ser humano como racional y social, es decir, dotado de autoconciencia y con posibilidad de relacionarse con los demás.

Pues bien, si la comunicación ha de servir para interactuar con otras personas, debe respetar el modo de ser y de funcionar del hombre, y eso trae consecuencias. Vamos por partes.

El hombre de Vitruvio
Inteligencia: el contenido de la comunicación ha de ser sincera, sin considerar inferior al receptor (¡cuánta arrogancia vemos en algunas corporaciones!),  y debe procurar abrir un espacio para el diálogo, de igual a igual, con ánimo de mejorar algo, de servir a la comunidad, de aportar soluciones. La pregunta para comenzar el diálogo no es “¿qué quiero vender o colocar?”, sino “¿Qué tengo, qué puedo ofrecer para ayudar a los demás, para que sean más felices, mejores personas?”.

Voluntad: tenemos la capacidad de autodeterminarnos, de luchar por convertirnos en lo que deseamos y de volcarnos en los demás. El call to action es básico para que las empresas entren de forma natural en la vida de las personas, liderar movimientos, pero sin aspirar al control absoluto (algunas empresas crean auténticos 1984), sino contentarse con una moderación facilitadora.

Y no siempre ha de liderar movimientos: puede ocurrir que ya estén esos movimientos en la calle y que las empresas vean –sin oportunismos mercantilistas– que pueden ser facilitadores aportando sus capacidades, know how, etc. Y no nos olvidemos de la cocreación… Se nota mucho cuando las personas que dirigen una empresa o institución creen de verdad en la libertad de la gente. No digo que el open innovation deba dejarse al azar o el caos, sino que el papel de la empresa es de moderador, de impulsor de talentos, de escucha para cambiar hábitos internos, etc.

Corazón (o memoria): el mantra del momento –el engagement–, para muchas empresas no es otra cosa que luchar porque los usuarios les concedan un espacio en su vida, en sus emociones y sentimientos. Pero veo que muchas de ellas son como los amigos posesivos que no te dejan en ningún momento, que se vuelven susceptibles si no cuentas con ellos en todo lo que hagas… Si existe una nueva escala de valores las empresas deben adoptar nuevas conductas. Es mucho mejor que las empresas sean como esos buenos amigos que, cuando los necesitas, siempre están a tu disposición, en las buenas y en las malas.

Si conseguimos asimilar las tres potencias superiores del hombre a la cultura de la empresa estoy seguro que funcionaremos mucho mejor. Quizá sea un poco atrevido, pero me atrevo a proponer un lema para el New Media, que compendia lo que cualquier empresa e institución debería tener en su ADN: “Ama el que sirve y sirve el que ama”.

¿Qué os parece? Por mi parte pienso que cualquier empresa que adopte esa humildad y transparencia ganará el corazón de muchas personas y mejorará la rentabilidad de su negocio.